Responsabilidades
En este ambiente general de improvisación y cálculos errados, nos resulta familiar, por habitual y cotidiana, la imagen de los presuntos responsables silbando y mirando para otro sitio como si la cosa no fuese con ellos, porque a sus cómodos despachos nunca llegaron los ecos de la cultura de la responsabilidad que ellos predican y exigen a los demás.
Sin embargo, no todo el mundo escapa indemne sin asumir sus errores. Es el caso de las familias que erraron sus previsiones en el momento de comprar su vivienda, porque pensaron que siempre tendrían trabajo, porque estaban convencidas de que el ladrillo era un valor seguro, o porque pensaron que, llegados al extremo, siempre podrían venderla y recuperar su inversión; esos millones de ciudadanos, arruinados de por vida, están obligados a asumir el coste de su error.
Ellos si pagan sus facturas y asumen el coste de sus errores. Otros, se van de rositas.
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