Brotes verdes
Según afirman determinados expertos, los indicadores económicos parecen pronosticar una leve mejoría, insuficiente todavía para saber si se trata de la luz al final del largo túnel de incertidumbre en que estamos inmersos o, simplemente, estamos ante los habituales relámpagos que, después del fogonazo inicial, se quedan en nada.
De todas formas, no basta con que mejoren los indicadores, sino que es imprescindible que estas mejoras terminen incidiendo positivamente en el verdadero motor de nuestro sistema económico: el consumo.
Las modestas economías familiares, además de depauperadas, están básicamente asustadas por la incertidumbre del mercado laboral y por una sacudida que dura ya más de cinco años. Por tanto, es previsible que cualquier recuperación de la economía sea gestionada, durante mucho tiempo, desde la prudencia y la desconfianza, lo que se traducirá, en todo caso, en el ahorro de las familias antes que en la alegría del gasto.
De momento, y pese a la buena voluntad de esos “expertos” que insisten en vislumbrar brotes verdes en el horizonte, parece descabellado que los mismos sean el alimento imprescindible para engordar unas vacas que, al menos por ahora, son solamente piel y huesos; un triste recuerdo de su pasado esplendor.
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