Indignados
Últimamente empieza a ser habitual la imagen de multitudes de ciudadanos indignados que ocupan las calles y manifiestan su malestar, su indignación y su cabreo.
Son las víctimas de los recortes y de la devastación consiguiente. Ciudadanos que han visto, escandalizados, como la crisis financiera se convertía en una crisis de la deuda, es decir, como la crisis de los excesos liberales provocaba la crisis de la sociedad del bienestar y ocasionaba la pérdida de derechos y servicios que hasta ahora parecían consolidados e inamovibles.
Las reivindicaciones de una ciudadanía indignada no son, en esencia, ni radicales ni utópicas, sólo piden políticas que eran factibles cuando la riqueza del país era muy inferior a la actual y que, en cambio, ahora dicen que no nos podemos permitir.
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