Cinismo
Cuando en el año 1944, en el marco de la ONU, se creó el Fondo Monetario Internacional, se encomendó al nuevo organismo la misión de velar por la estabilidad y el correcto funcionamiento del sistema financiero mundial y gestionar las crisis monetarias y financieras, proporcionando asistencia técnica y financiera a los estados miembros.
Sin embargo, a día de hoy, si hay algo que caracteriza al FMI es la incansable verborrea de sus dirigentes a la hora de aconsejar, o más bien ordenar, qué es lo que deben hacer los distintos gobiernos, los empresarios o, incluso, los ciudadanos de a pie.
Recientemente, la directora gerente del FMI, la francesa Christine Lagarde, ha recomendando que en España los sueldos bajen todavía más, concretamente ella sugiere que lo hagan un 10%. No hace falta decir que los sindicatos han puesto el grito en cielo ante semejante despropósito y que el anuncio de esa “recomendación” ha provocado la indignación generalizada de aquellos a quienes va dirigida semejante medida, los trabajadores que, hoy por hoy, se han salvado de engrosar las largas listas del paro.
Probablemente, cuando dentro de unos años busquemos en el diccionario la definición de la palabra “cínico/a” nos encontremos junto a la definición de dicho vocablo una fotografía a color de la señora Lagarde. Porque, ante una crisis económica tan grave como la que padecemos en España por culpa de la codicia, la corrupción, la desmesura y la ambición de unos pocos, hay que tener poca vergüenza y ninguna imaginación para proponer como única alternativa posible la bajada de unos sueldos, de por sí bastante depauperados.
La medida propuesta es un auténtico despropósito que, de llegar a aplicarse en nuestro país, contribuiría a empeorar, todavía más, las condiciones de vida de los trabajadores españoles. Pero lo que realmente raya lo esperpéntico es que lo proponga alguien como Christine Lagarde, quién lo primero que hizo en junio de 2011, cuando fue designada directora gerente del FMI en plena crisis mundial, fue subirse el sueldo nada más y nada menos que en un 11%.
Según fuentes oficiales, la señora Lagarde cobra actualmente un sueldo anual de 324.000 euros libres de impuestos, a los que hay que añadir un suplemento de 57.912 euros para gastos que no necesita justificar. Quizá por eso tenga la cara tan dura como el hormigón armado.
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