Contra la corrupción hay que exigir castigos ejemplares
Actualmente tenemos el país en manos de los jueces. Solo ellos pueden dar, en este momento histórico, la credibilidad que la sociedad precisa recuperar; y para ello es necesario que sean ecuánimes y equilibrados y no se dejen influir por un ambiente enrarecido que pudiera ensombrecer las justas decisiones que necesitamos.
Pero la ciudadanía debe plantarse y poner las cosas difíciles para la impunidad en los casos de corrupción. Tenemos que estar cada vez más preparados para denunciar los abusos de todos aquellos que no entiendan que para dedicarse a la vida pública es imprescindible una conducta intachable y libre de toda sospecha. Los castigos deben ser ejemplares, también los sociales.
Hasta hoy los efectos de la corrupción son visibles, pero las causas todavía permanecen ocultas, y vivir con esta rémora no es razonable.
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