Rebajas
A pesar de que en algunos comercios se están realizando de manera habitual descuentos de hasta el 80% sobre los precios originales, algo impensable hace sólo unos pocos años donde con un 20% ya te podías dar con un canto en los dientes, existe una queja generalizada entre el sector del comercio en el sentido de que las rebajas ya no funcionan como antaño.
Las épocas de rebajas han sido siempre una oportunidad de dar salida a la mercancía de la temporada y, de paso, una buena oportunidad de hacer una sustanciosa caja con la que compensar otras épocas del año en las que el volumen de ventas disminuía considerablemente.
Vivimos unos momentos bastante complicados para el consumo. La crisis ha acabo por imponerse en las economías domésticas y ahora solamente se compra aquello que se estima realmente necesario, prescindiendo de artículos innecesarios y que, la mayoría de las veces, eran adquiridos motivados por el impulso consumista que rodeaba la liturgia de las temporadas de rebajas.
Pero la caída en picado de las ventas durante el tiempo de rebajas también trae como consecuencia que muchos comerciantes pretendan aprovechar la ocasión para quitarse de encima toda la mercancía que tienen acumulada en sus almacenes desde hace años. Una mala práctica cada vez más exagerada, más evidente y menos disimulada, empujada sobre todo por la presión que el comercio tradicional soporta por parte de las grandes cadenas de ropa y complementos.
En contrapartida, la escasez de dinero, está generando una clientela cada vez más exigente con la calidad y los precios de los productos que compra. Ahora, con la serenidad que provoca tener los bolsillos medio vacíos, resulta más difícil engañar a unos clientes que compran más por necesidad que por impulsos publicitarios.
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