Obediencia
De un tiempo a esta parte se discute la manera de dignificar la actividad política y hay, incluso, quién se rompe la cabeza pensando en qué medidas proponer para propiciar una reconciliación de los electores con los elegidos.
Quizá sea una buena idea abolir de la vida parlamentaria la práctica que hace que, a la hora de votar, los señores y señoras diputados deban regirse por la mano que levanta el jefe de cada grupo: un dedo significa vota SÍ, dos dedos vota NO, tres dedos no votes ni que sí ni que no, abstente.
Si algún día nuestros parlamentarios dejan de jugar con los dedos habrán encontrado una manera de dignificar la vida política que, además de no costar ni un euro al contribuyente, los hará sentir la mar de adultos.
Comentar este post