Egipto rectifica
Todo es complicado cuando se habla de un país como Egipto, con 80 millones de habitantes, que constituye la principal nación árabe de la región más inestable del mundo.
Todavía no hace un año que era derrocado el expresidente Hosni Mubarack, considerado entonces por una amplísima mayoría de los egipcios como un dictador corrupto, incapaz e impopular. Hoy, muchos de ellos ven en el depuesto Mohamed Mursi los mismos tics dictatoriales que veían en Mubarack, a quien no les importaría ver de nuevo en el poder.
Muchos egipcios pensaban que la situación económica y social de su país mejoraría con la salida de Mubarack y su corrupta administración, sin embargo Mursi se ha demostrado en sus dos años de mandato como un gobernante incapaz de satisfacer las demandas de la ciudadanía, de mejorar la situación económica y de mantener la necesaria cohesión de todas las regiones del país y de sus habitantes. Aún así, Mohamed Mursi ha sido el primer presidente egipcio elegido democráticamente, y eso le confiere una legitimidad enorme.
De momento, los analistas internacionales coinciden en considerar las revueltas de las últimas semanas, como una rectificación política del pueblo egipcio. La intervención del ejército ha puesto fin a una etapa y todo indica que supone un intento de subsanar los errores de los dos últimos años. Probablemente, no será la última corrección que tendrán que hacer los egipcios en el difícil proceso que inició su país con la “primavera árabe”.
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