Protocolo
Hay quien afirma despectivamente que el protocolo es la política de los pobres. Quizá por eso algunos políticos, sobre todo cuando menos poder tienen, se empeñan en hacer ostentación pública de los usos protocolarios para reafirmarse ante los demás y para hacer alarde de su autoridad.
El escritor Santiago Rusiñol solía decir que los militares con medallas le recordaban a las tiendas que, careciendo de género en la trastienda, ponen lo poco que tienen en el escaparate para dar al público una falsa sensación de solvencia. Algo parecido sucede con determinados cargos públicos, que tienen que exhibir mucha baratija para hacerse respetar.
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