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02 Apr

"La perra gorda" (de Manuel Ruiz Madueño)

Publicado por Domingo Fernández Tovar

"La perra gorda" (de Manuel Ruiz Madueño)

El Jueves Santo, mi pueblo

con sus litúrgicas fiestas,

más que provincia de Córdoba

parece de Galilea.

Allí la Historia Sagrada

cobra su divina fuerza,

bajo un ambiente de incienso

y de túnicas de seda.

Por todas partes se ven

prosélitos de Judéa:

centuriones de Pilatos

con morrión y cimera

o célicos penitentes

con sus capas nazarenas...

Los simples espectadores

también, bajo la influencia

de las procesiones sacras

se olvidan de sus problemas,

para seguir a Jesús

como las bíblicas sectas.

Muchos hasta se cohíben

de colarse en las tabernas

por no sentirse paganos

ante el que va de promesa

cargado con una cruz

y arrastrando una cadena;

o porque no los critiquen

aunque de verdad lo sean.

Hasta yo que era muy malo,

rompía mi latiguera

y echaba a los gorriones

migas de pan en las piedras.

¡Qué grato recuerdo guardo

de una semana de aquellas

que no había que decir,

ni antes ni después de guerra!.

Cuando todavía tenía

una simpática abuela

que me guardaba piñones

y empanadillas de almendras.

Cuando creía "a pie juntillo"

que todos debían tenerla:

porque un niño necesita

quien le perdone a sabiendas

de que volverá a incurrir.

Cosa que sólo hacen ellas:

porque son el diplomático

con el maestro de escuela

o el abogado de oficio

cuando en casa daban "leña".

Un Jueves Santo de aquellos

con traje y con gorra nueva

y una gorda en los bolsillos

yo era el amo de la tierra.

Fue la moneda más grande

que a mí me diera mi abuela.

No creyéndola segura

dentro del bolsillo suelta,

la amarré con el pañuelo;

le di brillo con arena;

la cambié por dos perrillas

para que también se oyera

y hasta pasé por el banco

con aire de suficiencia.

Tirarla a las "cañaduces"

hubiera sido mi idea

pero con aquellos nervios

no le daba ni a la sierra.

¡Ya viene la procesión!

gritan desde la azotea,

y casi a renglón seguido

vibra el son de las trompetas.

En el balcón más lujoso

están Curro, Elías y Vega:

la flor y nata del cante.

Estilistas de Saetas.

Pasan los "soldaos romanos"

y la gente se impacienta.

¿Qué ocurre en las cuatro calles?

¡"Ná"!

Que hay un niño de Lucena

que canta como los ángeles

y de allí no hay quien lo mueva.

...¡fijarse! ya está llegando

Jesús con la Cruz a cuestas.

Alguién sisea en un balcón:

enmudecen las trompetas

y una plegaria encendida

que canta, que llora y reza

abre en los aires un eco

de litúrgica tragedia.

Lirio de Getsemaní:

hacia el Calvario te llevan

olvidándose que eres

el Rey del Cielo y la Tierra.

Estalla el pueblo en aplausos

y el Cristo pasa muy cerca

de donde yo estoy subido

que es la cuz de una reja

¡Dios mío, qué puedo yo hacer

para remediar tus penas!

-me pregunté conmovido-

al ver su frente sangrienta.

"Pa Jesús Nazareno"

grita con todas sus fuerzas

un penitente que coge

por el aire las monedas.

Entonces me figuré

que aquel penitente era

un ángel que reclutaba

a la guardia nazarena,

pagándole con limosnas

para que lo defendieran.

Y lleno de compasión

tuve la cristiana idea

de entregarle mi fortuna

aunque no comprara almendras,

ni avellanas, ni altramuces,

ni barquillos de canela.

Cojo la gorda en mis manos

la beso como si fuera

un relicario bendito;

algo que a un niño lo eleva.

A un niño que como yo

no tuvo una gorda entera

hasta aquel día sacrosanto

de pasión y de leyenda.

Y sin alterar mi pulso,

le eché a Dios en la bandeja

la primera perra gorda

que me regaló mi abuela.

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Acerca de este blog

Un espacio donde, cada vez que puedo, doy rienda suelta a mis pensamientos.

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