Honestidad y valentía
Benedicto XVI pasará a la historia como un venerable anciano que renunció al papado y también quedará entre los pontífices que han roto moldes.
A su llegada se nos dibujó a muchos, como un radical, un ultra ortodoxo que iba a devolver a la Iglesia a los tiempos más oscuros. Entonces no se puso en valor que era un intelectual reconocido, un filósofo reputado y un teólogo imprescindible, porque se prefirió presentarlo como un mero continuista que había arremetido contra la teoría de la liberación.
Con su inesperada renuncia, el anciano papa rompió con una tradición no escrita que obligaba a los papas a permanecer en la silla de San Pedro hasta la muerte. Con su inesperado gesto Benedicto XVI rompió con los esquemas tradicionales y demostró su honestidad consigo mismo y con los millones de católicos de todo el mundo al reconocer que no se sentía con fuerzas para seguir ejerciendo su magisterio.
La renuncia del pontífice, un reputado intelectual y teólogo, tuvo de inmediato consecuencias directas en el futuro de la Iglesia. En primer lugar, cogió a contrapié a los círculos más retrógrados que aspiraban a controlar del todo la curia, impidiendo que tuviera tiempo para reorganizarse, dando así vía libre a su sucesor para que pueda abordar los dos asuntos más vergonzosos y terribles que manchan actualmente a la Iglesia Católica: los abusos sexuales y la pederastia.
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