Una cuestión de higiene democrática
España e Italia tienen los índices de corrupción más altos de Europa pero, paradójicamente, sus ciudadanos son los más limpios del continente puesto que, según un reciente estudio sobre los hábitos domésticos de los europeos, el patrón de limpieza diaria de nuestros hogares dobla al de Alemania, Francia y otros países del norte.
Seguramente seremos los europeos más limpios pero, en contraste, tenemos a nuestros países hechos una pocilga. ¿Qué sería de las economías española e italiana sin la economía sumergida, la facturación en negro, la corrupción…?
Es evidente que los ciudadanos somos más limpios que muchos de nuestros representantes, pero, en paralelo con nuestra obsesión por la higiene personal y doméstica, nos hemos inmunizado frente a la corrupción, hasta el punto de que hemos acabado integrándola en nuestra vida y ahora no se va ni con agua caliente.
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